miércoles, 27 de abril de 2011

Machasa: visiones del abandono
La expo del recuerdo


Sólo 28 fotos hicieron falta para que el abandono de la fábrica textil Machasa saliera a la luz. El fotógrafo nacional Miguel Navarro Ascorra es el encargo de, por medio de su lente, dar a conocer esta realidad. Y es en el Muro de Matucana 100 donde se exhibe su trabajo.
En la actualidad, la industria textil en Chile es cada vez de menor cantidad. Una de las pocas empresas de renombre que hasta hoy funciona es Bellavista Oveja Tomé. Sin embargo, a mediados del siglo XX la cantidad de fábricas de ese rubro era enorme, entre las que se encontraban Sumar, Viña o MACHASA (Manufacturas de Algodón Sociedad Anónima).

Fotografía de uno de los salones de la fábrica (grande)
 y a su lado, medidores de luz donde se exhibían fotografías.
             Esta última es la más recordada, tanto por la calidad de sus productos, como en la cantidad de trabajadores y además, por el espacio que ocupaba físicamente. Es por ello, que el fotógrafo nacional Miguel Navarro, centra su atención principalmente en su magna arquitectura abandonada y destruida por el tiempo, evocando el recuerdo de la empresa iniciada en 1935 por Juan Yarur Lolas y dada por quebrada en 1982, luego de la crisis económica que afectó a Chile.
Un intenso trabajo con las sombras, con los juegos de luces y con el uso de la perspectiva es lo que a primera vista resalta en las fotografías. Y no sólo la técnica fotográfica fue pulcramente cuidada, sino además, su modo de exposición.
De un total de 28 fotos, cuatro se exponen en un tamaño mayor que el resto de las 24. Estas últimas son exhibidas dentro de cáscaras de medidores de luz que fueron encontradas en el lugar, tal como lo indica la reseña que se halla junto a ellas. Estas se interconectan por medio de cables, que a su vez llaman a pensar en las condiciones de una industria de telas de mediados del siglo pasado.
Uno de los medidores de luz donde
se exhibían las fotografías de la muestra. 
Con ello,  se impregna a la muestra de mayor realismo y se genera una mayor empatía con la desolación del lugar.
Las temáticas de las fotografías son similares, en la gran mayoría de ellas se resalta la arquitectura de la fábrica y su deplorable condición actual. Se observan -además del frontis- los enormes pilares que la sostenían, escaleras, sillas abandonadas, pisos corroídos, vidrios rotos, salas, en fin… objetos que nos invitan a evocar el pasado y a buscar en ellos la historia que envuelve a la tradicional textil.
No obstante, hay tres imágenes que no siguen este patrón. La primera de ellas, una fotografía que luce un letrero con el siguiente enunciado: “Importante, desde el lunes 24 del presente todo trabajo deberá ser registrado diariamente en su orden respectivo. 21.3.75. El jefe”. Allí, más que demostrar el desgaste del material en el que está el mensaje escrito, llama la atención las condiciones político- sociales de ese entonces: todo en orden y registrado.
            En segundo lugar, un oso de peluche sin rostro sentado junto a un letrero que señala “peligro, no conectar. Trabajos en línea”. Ésta le da un toque especial al conjunto de las fotos, ya que hace recordar que detrás de cada trabajador hay una familia. Por último, se exhibe una imagen de  gotas de lluvia que caen sobre el suelo abandonado de la fábrica, que nos remite cierta nostalgia por el pretérito.
            El uso de la perspectiva es algo constante, sobre todo en las tomas de los grandes salones. Aquí, se logra un interesante juego con las líneas y los pilares de las fábricas, que logran, en su conjunto, una profundidad. A ello hay que sumarle el uso de las sombras y de la luz natural que ingresa por los enormes ventanales rotos.
            Además, el blanco y el negro de las fotografías de mayor tamaño las hace ver aún más imponentes, con un aire de nostalgia y desolación que no pasan inadvertido.  

Fotografía de uno de los salones de la fábrica textil Machasa.

            Por otro lado, las fotografías carecen de una leyenda que las contextualice de manera más profunda y exacta. Por ejemplo, se exhibe una imagen de lo que parece ser un baño de hombres de la fábrica, pero de igual modo podría ser un camarín, una sala de espera, etc. Lo mismo ocurre con algunas tomas de los salones, en donde no se indica que parte de la industria es en particular.
            También, el uso de vidrios para exponer las fotografías hace que el observador y todo lo que lo rodea en el salón se refleje en él, ensuciando la imagen y perjudicando la visión y la interpretación, ya que del mismo modo se reflejan las luces. No se puede descifrar correctamente si la luz proviene del exterior o fue un efecto utilizado por el fotógrafo.
            Para concluir, la muestra invita al recuerdo, al viaje hacia la época en que Chile comenzó un proceso lento de industrialización. Los colores, las luces, las tomas, todo nos remite a la melancolía y al abandono. Navarro supo como jugar con las emociones, como despertar en su interpelado sensaciones por un lugar que ni siquiera conoció. En definitiva, las fotografías son en su conjunto una sola historia.


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